Sarracenia

Sarracenia w.

 

La poesía de Emily Dickinson me parece uno de esos cristales de cuarzo no del todo translúcidos y complejos como una cordillera en miniatura, imposible de pulir sin hacerle perder lo que le da carácter o consistencia. Por eso es tan delicado abordar su traducción y su exégesis. Por eso, por ser como un cristal en bruto, es por lo que traductores y críticos pueden hacer pasar la luz a través del objeto de múltiples modos, obteniendo proyecciones que van desde lo más opaco y estrecho a lo más abierto y brillante. Un siglo y medio sometiendo el cuarzo a toda clase de tensiones: diferentes modos de aproximación tipográfica o gramatical; rastreo de influencias literarias (de las Sagradas Escrituras a Shakespeare) que, aun estando ahí de forma continua, solo enraizaron -cristalizaron- en la poeta de forma completamente personal; e innumerables especulaciones sobre su vida: que si estuvo enamorada de un pastor casado, que si estuvo en cambio eterna y secretamente enamorada de su cuñada, Susan Gilbert, que vivía a escasos metros de la vivienda donde se confinó. Me parece que, por más empeño que pongamos, lo único que resta de todo esto es lo que la poeta, de forma real e incontrovertible, dejó: un silencio y una pasión de terribles dimensiones.

No me refiero al aparente silencio de su aislamiento. Aquel encierro estaba poblado de un torrente de palabras en poemas y cartas. Tampoco al celo de que su obra no se publicara hasta después de su muerte. Todo esto puede ser importante, pero yo aludo más bien al modo en que el silencio conforma la columna central de su escritura y su poética. En una de sus cartas, Dickinson dice encontrarse placenteramente ubicada en alta mar. Es decir, en mitad de ninguna parte. O en el centro justo de sí misma. Una isla que no obedece más reglas que las propias, una experiencia del lenguaje absolutamente particular, donde cada verso, cada palabra y signo de puntuación parecen haber sido arrancados del silencio, y no fatigosa ni dramáticamente, sino con la minuciosidad del artesano que, antes de ensamblar cada pieza, sopesa la forma, el timbre, el color, el peso, el ánima de cada uno de los elementos que construyen la estrofa y el poema. Y aun contando con una rima y una métrica por regla general muy cuidadas, no se trata de ejercicios de orfebrería simbolista o modernista, sino un trabajo de una sencillez y una modernidad sensacionales. Palabra y verbo decantados hasta el silencio, y luego, entonces sí, llevados al poema. Palabras sometidas a una tensión interior que les hace desplegarse con una fuerza singularmente concentrada. Es solo por esto que cada poema tiene la capacidad de provocar estupefacción, y es solo por esto que cada poema parece convocar el silencio a su alrededor.

 

Speech — is a prank of Parliament —
Tears — is a trick of the nerve —
But the Heart with the heaviest freight on —
Doesn’t — always — move —

 

Prédica – es broma de Parlamento – / Lágrimas – truco del nervio – / pero el Corazón con la carga más pesada – / no – siempre – se mueve –*

 

Por otro lado, parece que nunca se insistirá lo suficiente en matizar o incluso denegar completamente la imagen facticia de una solterona loca, ascéticamente recluida, cuyo entorno está atestado por la muerte, autora de poemas delicados y triviales sobre abejas y flores. Hay quien sostiene que la pasión, la belleza y el gozo recorren su obra en no menor porción que el dolor o la angustia. La pasión de quien maneja afectos quizás sobredimensionados por la soledad, y también la pasión amorosa y sexual, quién sabe, pero de modo aún más evidente la pasión por el conocimiento en todas sus formas (una palabra, Conocimiento, para la que Dickinson reserva una de sus célebres mayúsculas). La pasión de observar lo más pequeño e inadvertido, umbral perceptivo que transforma un entorno realmente muy reducido en un universo amplio y rico, un espacio ensanchado una y otra vez hacia el interior, siempre más adentro, siempre más arriba, por medio del pensamiento y de la palabra.

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Emily Dickinson se dibuja como una de esas especies endémicas o relictas que un botánico encontraría justamente allí donde es improbable su nacimiento y desarrollo, pero cuyo valor reside no solo en su rareza, sino en su perfecta adaptación al medio. Una mujer dotada de una inteligencia poderosa y capaz, cuya decisión de aislarse, dado el nivel de opresión intelectual del mundo en el que vivió, fácilmente puede comprenderse como una solución ajustada a la tarea que se había impuesto.

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Hacia 1847, por las mismas fechas en que posa para la única fotografía indudable que de ella conservamos, la pequeña Emily dedica una larga temporada a reunir hojas y flores de todas las especies botánicas a su alcance. La colección, cuidadosamente compuesta, conforma un herbario que contiene más de cuatrocientas especies diferentes. Lo que Emily sostiene en sus manos en ese retrato es probablemente una flor.

La Sarracenia purpurea es una planta carnívora propia de la Península del Labrador y ampliamente extendida por Canadá y Nueva Inglaterra. Decidí poner a la poeta bajo su advocación, bajo una imagen ambivalente de voracidad, de poder y de quietud, sin saber aún que esa especie en particular estaba incluida en su herbario. En la nota necrológica publicada a la muerte de Dickinson, Susan Gilbert elogia, entre otras muchas cosas, el invernadero donde la poeta hacía florecer las especies más raras, y lo hace porque también eso, de algún modo, conforma el signo de su poesía.

A lo largo de su vida Dickinson escribió, cosió ella misma, y atesoró cerca de 2.000 poemas que fueron encontrados tras su muerte. Su correspondencia personal fue en su mayor parte destruida, y el resto fue expurgado o censurado.

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“Cuando de Niña pasaba mucho tiempo en los Bosques, me dijeron que la Serpiente me mordería, que podía coger una flor venenosa, o que los Duendes podían raptarme, pero seguí yendo y no me topé más que con Ángeles que estaban mucho más intimidados por mí [de lo] que yo podía estarlo por ellos, de modo que no tengo confianza en el fraude que muchos practican”.*

Carta a T. W. Higginson. 1862

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En agosto de 1870, Higginson, uno de sus muchos corresponsales, y futuro primer editor de su obra, realiza una fugaz visita a la poeta, que ya lleva muchos años recluida. Muy tímida al principio, Dickinson comienza luego a soltarse y acaba hablando hasta por los codos. Higginson, que nunca alcanzará a comprender la magnitud de lo que tiene entre manos, decide sin embargo callar y observar atentamente. Inmediatamente después del encuentro, muy impresionado, e incluso extenuado, escribe una carta a su mujer en la que refiere haber oído a Emily decir cosas como estas:

“Si leo un libro y se me enfría tanto el cuerpo que ningún fuego puede calentarme, sé que eso es poesía. Si tengo la sensación física de que se me vuela la tapa de los sesos, sé que eso es poesía. Son, para mí, las únicas maneras de saberlo. ¿Existe alguna otra manera?”.

“¿Cómo hace la mayoría de la gente para vivir sin pensamientos? Hay mucha gente en el mundo (usted tiene que haberse fijado en ellos por la calle). ¿Cómo viven? ¿De dónde sacan la fuerza para vestirse por la mañana?”.

“La verdad es algo tan raro que es una delicia decirla”.

“La vida me extasía – la mera sensación de vivir es dicha suficiente”.*

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269

 

Wild nights – Wild nights!

Were I with thee

Wild nights should be

Our luxury!

 

Futile – the winds –

To a Heart in port –

Done with the Compass –

Done with the Chart!

 

Rowing in Eden –

Ah – the Sea!

Might I but moor – tonight –

In thee!

 

¡Noches Salvajes – noches Salvajes! / ¡Si yo estuviera contigo / Las noches Salvajes serían / Nuestro lujo! // ¡Fútiles – los vientos – / Para un Corazón en puerto – / Que ha terminado con la Brújula – / Que ha terminado con la Carta de Marear! // Remando hacia el Edén – / !Ah – el Mar! / ¡Si yo pudiera tan solo amarrar – esta noche – / En ti!**

 .

 

*Traducción de Nicole D´Amonville Alegría
**Traducción de Ana Mañeru Méndez y María-Milagros Rivera Garretas

 

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Sarracenia forma parte -junto con Miles Away Head, Mureau y Stumps– del políptico Four american poets (and a hidden composer)

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