Weard

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W es el título de una novela de Georges Perec donde la ficción y la autobiografía se alternan y confunden. W es también el nombre que dí, en un principio provisionalmente, a la carpeta donde a lo largo de varios años he ido guardando y ordenando collages digitales como el que abre esta entrada. Me limitaba a tomar la primera letra de la palabra writers, porque eran escritores las primeras figuras sobre las que fui creando piezas. Aún hoy, el bloque de escritores sigue siendo el más extenso junto a algunos pintores, fotógrafos y cineastas. Hay incluso un científico. Desconozco cómo se desarrollará la serie en los próximos meses o años, como tampoco es improbable que en algún momento la cierre o la abandone. Este blog pretende únicamente reunir las notas -originales o espigadas en libros- que acompañan -y de algún modo explican o complementan- los naipes que he ido realizando en los últimos años. Se trata por tanto de insinuar el modo, el punto a partir del cual he abordado los homenajes que he ido elaborando.

La palabra “homenaje”, ya de partida, me resulta conflictiva. Homenajes son estas obras, puesto que están hechas siempre desde la devoción. Rindo tributo, si así puede decirse. Pero siempre he pensado que un homenaje, tal y como suele entenderse habitualmente, suele ser un acto un poco estéril. Por eso, cuando acometo un rostro (y los rostros son un ingrediente principal en estas obras), sé que de algún modo también busco el estropicio, el fantoche, el maquillaje, la fractura, todo lo que pueda ser útil para alcanzar ese mínimo de transgresión imprescindible para superar el nivel de respeto que suele llevar asociado el homenaje. Esta postura me parece más fértil, más divertida y, a la larga, más conveniente. Así pues, en efecto, homenaje, pero también sátira, disfraz, y combate de boxeo en términos plásticos.

W, por ejemplo, es la letra que coloqué sobre la barba de chivo de Perec. Lógicamente aludía a la novela que comentaba, pero también a la uve doble del apellido de Gaspard Winckler, personaje que puebla recurrentemente varios de sus textos y que uno se siente tentado de identificar como un alter ego del autor. Posteriormente, mientras trabajaba en la serie de imágenes sobre James Joyce y el Finnegan´s, imaginé que esa uve doble designaba, muy libremente, la weard (“varba”) de Perec. En La vida: instrucciones de uso (1978), Winckler es un fabricante de puzzles artesanales. En W (1975), el autor trata de reunir, obsesivamente, objetos, fotografías y recuerdos dispares para reconstruir, como si de un puzzle se tratara, su infancia.

En uno o en otro lugar los puzzles de Perec han de quedar siempre incompletos. Es inevitable y nos parece bien. Con toda probabilidad estas notas también estarán incompletas, porque no pretenden cerrar la lectura de las obras.

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